Virtuoso Civico

  • Full Screen
  • Wide Screen
  • Narrow Screen
  • Increase font size
  • Default font size
  • Decrease font size
Bienvenido, Invitado
Nombre de Usuario Contraseña: Recordarme

JAVIER SICILIA: EL DOGMATISMO DE LA IMPOTENCIA
(1 viendo) (1) Invitado
Seguridad
  • Página:
  • 1

TEMA: JAVIER SICILIA: EL DOGMATISMO DE LA IMPOTENCIA

JAVIER SICILIA: EL DOGMATISMO DE LA IMPOTENCIA 04 Abr 2011 09:33 #98

  • Lorenzo Aldrete
  • DESCONECTADO
  • Categoría Platino
  • Dr. en Folosofía UNAM, AIU. Docente, consultor, traductor.
  • Temas: 539
JAVIER SICILIA: EL DOGMATISMO DE LA IMPOTENCIA A ULTRANZA.

Este hombre –periodista y poeta- ha perdido a un hijo en condiciones vinculadas a una implacable acción delictiva. A partir de este hecho, hace explícito que no volverá a escribir poesía hasta que no haya autoridades dignas y hasta que no se haya puesto a los criminales en la cárcel. ¿Es esto importante para el mundo, que alguien escriba o no escriba versos? La perorata exhibe la impronta y el estilo de otras figuras públicas que descubren súbitamente que México está gobernado por individuos abyectos y corruptos, inmersos en una secrecía y una complicidad consuetudinarias.

marcha-contra-la-inseguridad370x270.jpg


Son las personas con cierta fama que a partir de su desgracia personal y envueltas en cierta megalomanía, se muestran muy enérgicas y convocan a movilizaciones nacionales y a marchas de la indignación con depósito de ofrendas, rostros contritos y exhortos a la postre estériles como “¡ya basta!”.

Javier Sicilia tiene hoy la promesa del gobernador de Morelos y su procurador de esclarecer los hechos, como si con esto la autoridad hiciera algo sobresaliente, a saber: convertir en compromiso lo que es su obligación. Ni siquiera por congruencia elemental pudo sustraerse este hombre a ser comparsa del discurso de los burócratas en turno. La seducción de los reflectores es demoledora.

La ceguera de los Sicilia, los Martí, los Vargas y las Miranda de Wallace, es que son incapaces de entender que la autoridad no es salvación de nada. Esta gente termina por institucionalizar su dolor como si tuviera que ser el dolor de todo el país. Su dogmatismo estriba en que para ellos sólo hay la fuerza de la autoridad, y que una vez que ésta se “moralice” y sea “eficiente” las cosas volverán a ser radiantes y gozosas. En algunos casos constituyen fundaciones, en otros se vuelven al tiempo oráculos de la seguridad nacional y de la investigación criminal, y van sacralizando la impotencia sin dejar de mantener un trato preferente con el poder político.

En todo esto hay un tinte de farsa. Si a estas personas hoy tan vocingleras no les hubiera ocurrido nada, el mundo no revestiría problema mayor en sus doradas esferas cotidianas, seguirían alimentando sus respectivos egos desde sus posiciones de privilegio y notoriedad cómoda. Son en el fondo personajes perfectamente alineados al sistema, pero horrorizados ante las fauces pestilentes de la violencia criminal en carne propia.

¿Pero cómo es que tal violencia criminal ha llegado a ser lo que hoy es? Porque el ciudadano no tiene posibilidades de defensa real en sus ámbitos personales y comunitarios. En materia de criminalidad hay un principio irrecusable que se conoce como “desplazamiento”. Cuando el delincuente sabe que pagará un alto precio si intenta perpetrar un acto ilegal, desplazará su conducta hacia otro lado. Esta es la forma más efectiva de irle cerrando espacios a la impunidad.

Es evidente que si una banda criminal armada entra en un establecimiento y sus gandules advierten una mansedumbre e indefensión absolutas de quienes ahí se encuentran, vulnerarán con saña y prepotencia todo lo vulnerable. ¿Pero qué ocurriría si en ese establecimiento y en los concomitantes hubiera ciudadanos armados, perfectamente integrados para la salvaguarda de su patrimonio legal, que mataran a todos los rufianes? ¿Y si esto comenzara a repetirse en otros ámbitos de la vida comunitaria? La delincuencia sólo va a mitigarse cuando quienes en forma virulenta agreden a las personas honestas comiencen a morir en sus intentos ante la fuerza de organización cívica.

Es preciso tener claro que la policía sólo acudirá oportunamente a los escenarios particulares cuando su cobertura aleatoria de perímetros y jurisdicciones se lo permita. No hay fuerza pública que baste ni que pueda cumplir su encomienda de protección, si los ámbitos privados se mantienen en la inermidad y la indefensión más palmarias. Ya abandónese ese nefasto dogma del “monopolio legítimo de la fuerza” por parte del estado, que el siniestro Max Weber, redactor de la Constitución de Weimar, acuñó para esterilizar la violencia de la sociedad alemana –sometida a una paz ignominiosa en Versalles- después de la primera guerra mundial. El ciudadano tiene el derecho legítimo a las armas que su tranquilidad le exija.

Lo que al poder público le asusta y también a las almas piadosas como los promotores de “marchas blancas” como cortejo de plañideras ante lo irremediable, es que México tuviera ciudadanos con formación militar real para integrar una Guardia Nacional como nuestra Carta Magna prescribe, que el pueblo estuviera armado en sus comunidades para defenderse del criminal violento. Es por eso que el municipio está desmantelado, la pobreza y la zafiedad institucionalizadas, y es por eso que el ciudadano aturullado por el miedo, ha sido convertido en un grotesco “denunciante anónimo”.

Javier Sicilia no tiene Ud. derecho a imponer su dogma de impotencia, no suscribo su discurso ni su histeria momentánea, que escriba o no poesía no enlutará al mundo. Antígona enterró al insepulto Polinices en Tebas, entierre Ud. también a sus muertos como lo hacen un sinnúmero de deudos en nuestro país sin un falso protagonismo.

Todos estamos expuestos a los embates de un poder público con una delincuencia por el prohijada, pero la respuesta no es la manipulación de multitudes en una queja ociosa. Mis héroes son distintos a los suyos señor Sicilia, son los que han demostrado que los criminales deben ser enfrentados con fuego e implacabilidad cívicos, son las comunidades que linchan al asesino y al violador, y le recuerdan al poder público que su tarea es propiciar condiciones generales de tranquilidad y hacer justicia expedita para evitar la venganza.

Empero, ninguna tranquilidad social puede garantizar que no habrá bajo ciertas circunstancias quienes quieran vulnerar al hombre honesto en su integridad, su familia y sus bienes. Es por ello que no puede pretenderse regatearle al ciudadano su pundonor y su arrojo para frenar en seco al hijo de puta que sin derecho intente vejar, mutilar y causar la muerte a inocentes.

Lorenzo Aldrete

Enlace al artículo en el BLOG
"Nec vero habere virtutem satis est quasi artem aliquam, nisi utare"
  • Página:
  • 1
Página generada en 0.38 segundos
Patrocinadores y anunciantes
Banner
Usted está aquí Foro